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En la ciudad de Sao Luis, en el
norte de la costa atlántica de Brasil, semanas atrás se reunió una
veintena de organizaciones ciudadanas preocupadas por los impactos de los
monocultivos de soja. Fue un evento convocado por la Articulación Soja de
Brasil, una coalición de distintas organizaciones no gubernamentales, que
finalmente aprobó un declaración de principios con puntos como acordar su
compromiso con la justicia social y ambiental, promover una distribución
justa de la tierra y la renta y un uso juicioso de los recursos naturales.
Los participantes eran muy diversos: desde organizaciones grandes como
Greenpeace Brasil, hasta el sacerdote católico Edilberto Sena, líder de un
movimiento ciudadano de la ciudad de Santarém, en pleno corazón de la
selva amazónica; desde la enorme confederación de agricultores familiares
y pequeños de Brasil (FETRAF) hasta grupos locales, como el Forum Carajás.
He estado en varias reuniones de esa articulación. En esta última,
celebrada en la capital del estado de Maranhao, las ONGs trabajaron
durante tres días, compartieron un cursillo de capacitación, acordaron su
carta de principios políticos y discutieron sus acciones futuras. La
declaración de principios incluye posturas como su oposición a la
deforestación que ocasiona la soja en el Cerrado y la Amazonia, rechazaron
los transgénicos pero también apostaron a instrumentos de transición. La
Articulación Soja entiende que la llamada "producción sustentable" es
inviable y genera una expectativa que es imposible de alcanzar, y por lo
tanto es necesario recuperar las experiencias de producción
socioambientales y poner bajo control el monocultivo con medidas para
reducir sus impactos. La versión en castellano de la declaración política
está disponible en www.plataformasoja.org.br
Me parece importante destacar esta experiencia y difundirla a los demás
países del Cono Sur, donde también están en marcha debates y reacciones
ciudadanas por los impactos de la sojización. Frente a esos problemas la
Articulación Soja Brasil es un ejemplo de coordinación entre
organizaciones muy distintas, no sólo por las demandas locales que
enfrentan sino por sus posibilidades de acción. Por lo tanto es un ejemplo
para mirar con atención como espacio de coordinación y complementación.
Esta articulación acuerda tanto en principios básicos, como en buscar
soluciones concretas a los problemas que enfrentan hoy en día los grupos
locales. La Articulación Soja no es un paraíso, y allí hay disensos,
avances y retrocesos, pero la red y el respeto mutuo permanece, donde sus
resultados netos son avances concretos.
Estas y otras cuestiones deberían ser miradas con mayor detenimiento en
los demás países del Cono Sur. En algunos países, especialmente Argentina,
el monocultivo de soja ha avanzado vertiginosamente en superficie pero
también se han diseminado sus apoyos entre universitarios, empresarios,
políticos y hasta el resto de la ciudadanía. Una y otra vez la soja es
presentada como ejemplo de tecnología de punta, éxito económico y
desarrollo beneficioso. Ante mitos tan vigorosos es donde más se necesita
la coordinación entre las organizaciones ciudadanas.
Pero esa coordinación no siempre se ha logrado con efectividad, y en
muchos casos se ha caído en ataques donde no sólo se combate a los
responsables de la sojización sino también a otras ONGs y movimientos
sociales. Incluso se ha caído en una lucha por un a supuesta pureza en la
ideología y en las prácticas. Esa actitud puede ser entendible dado el
drama que se vive en algunos sitios, pero es necesario un momento de
reflexión para volver a encuadrar las acciones sociales. ¿Cuál ha sido el
resultado de esos enfrentamientos?: desalentar la coordinación y la
complementación, generar resquemores.
A mi modo de ver el modelo de monocultivos agroindustriales se ha
arraigado profundamente en las sociedades del Cono Sur. Sus defensores no
son solamente un puñado de empresas, sino que actualmente también tiene
raíces en las universidades, los ministerios, muchas actores rurales, y
hasta la población en general. Por lo tanto es imprescindible aumentar y
fortalecer el número de personas y organizaciones ciudadanas que tienen
posturas alternativas e independientes. Por supuesto que habrá entre ellas
matices diferentes, énfasis e intereses también diversos, pero hay que
cobijar y alentar la diversificación de nuevas miradas alternas sobre la
sojización. Asimismo, y en especial desde el ambientalismo, no se puede
atacar ni rechazar esa diversidad ya que siempre se han defendido el
respeto por las posiciones de las minorías.
La Plataforma Soja que coordina CLAES es precisamente un intento de
presentar información alterna sobre la problemática de la soja. Partimos
de un compromiso con el respeto y la participación, pero también con la
pluralidad y la efectividad. Los monocultivos de soja generan impactos en
este mismo momento, y muchos necesitan respuestas y ayudas inmediatas. Por
ello alentamos medidas que puedan reducir esos efectos negativos y sean
útiles para las familias rurales, mientras contribuyan a objetivos más
profundos para una reforma sustancial en ese sector. Alentamos la
participación de más organizaciones, y somos respetuosos de sus posturas y
posiciones. La experiencia de nuestros amigos y colegas de Brasil nos
muestran un camino posible. Es por esa razón que deseamos que más
organizaciones se sumen a estos temas, y lo hagan desde el respeto por sus
posturas, que no serán idénticas pero comparten una serie de principios
básicos y compromisos con la calidad ambiental en el campo y la justicia
social.
E. Gudynas es el coordinador de la Plataforma Soja, una iniciativa en
información e intercambio sobre la soja y sus impactos en el Cono Sur,
promovida por CLAES (Uruguay) y CEBRAC (Brasil). Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente original. |