Bolivia

Insistir con la soya?

 

La producción de soya en Bolivia no puede politizarse ni por el lado del Gobierno, mucho menos por el de la oposición. El asunto es cómo producir y con la mayor rentabilidad no posible, sino exigible por una competencia de mercados y competitiva comercialización, dos aspectos que van más allá de lo puramente político o regional.


Santa Cruz es un productor importante e imprescindible gracias a sus características geográficas, también porque su sector agrícola tiene larga experiencia. Empero, no conviene su dependencia de la soya (ver No todo grano que brilla es oro, de Mamerto Pérez) y ésta del régimen pluvial, así como de las oscilaciones del precio en el mercado internacional (en 2006, los EEUU tenían un stock de 15 millones de toneladas). Tampoco del costo de la mano de obra, que se encarece a partir de 2003, de lejos hasta entonces el más barato; en su mejor época –2001– llegó a emplear a más de 40.000 personas, adicionalmente al costo del diésel, que de no ser subvencionado haría ‘explotar’ al sector. Además, los cultivos tradicionales de caña y de algodón, así como de maíz y de girasol, tampoco pueden compensar cualquier baja de ingresos de la soya.

 
Sin embargo, lo más preocupante es que, transcurridos tantos años, su rendimiento no sea equivalente al de otros países. Los principales productores son Estados Unidos (82,8), Brasil (50,2) y Argentina (38,3) sobre 209,5 millones de toneladas (t). Bolivia incidía con un 1% hasta 2006 (ver Problemática de la soya en Bolivia, Declaración de Pailón) y los menonitas llegaron a representar casi un 50% de la superficie sembrada en el periodo 1980-1991 de soya de verano, ahora en un 20%, inferior a la de los brasileños, que representan el 30%, ingresando en 1992-1993 con casi 2%, mientras que la de los japoneses fue cayendo de 12% en 1980-1991 a un estimado de 6% hasta la fecha. Los nacionales, de un 40% en el lapso 1980-1981, se ubican en el presente con un 30%.


La relación hectárea-rendimiento-precio favorece a Argentina, si tomamos en cuenta el costo en dólares por hectárea: en Estados Unidos de $us 500, en Brasil de $us 450, en Argentina de $us 300, con retornos de 10%, 5% y 25%, respectivamente. Brasil es responsable de cerca del 22% del volumen total exportado a escala mundial, el segundo mayor exportador del planeta. Su rendimiento promedio es de 2,3 t/h, habiendo llegado al récord de 3 t/h. El mejor rendimiento boliviano fue entre 2000-2003 de 2,34 t/h y el promedio se sitúa en 1,8 desde 1985-1986. Hasta 1998-1999 la superficie cultivable estuvo en ascenso desde 63.000 hasta más de 600.000, mientras que sus rendimientos se mantienen; sólo mejoraron a un promedio de dos toneladas entre 1999 y 2003.

 
El asunto, más que de envidias regionales y políticas extremas, plantea el destino de la región que actualmente lidera la producción agrícola en Bolivia. Si la economía de Santa Cruz está estancada desde hace 10 años, siendo la región más progresista de nuestro país, la preocupación no puede ser simplemente regional.

 

 

El autor es economista. Publicado originalmente en el periódico El Deber (Santa Cruz, Bolivia), 9 diciembre 2007. Reproducido en nuestro sitio únicamente con fines educativos e informativos.

 

       

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