Certificar la soja y no la carne puede hacer que el tiro salga por la culata

Marcelo Leite

 

Quien camina por la Amazonia o navega alguno de sus ríos difícilmente se da cuenta de que recorre uno de los paisajes más globalizados del planeta. Al encontrarse con un campo de soja pocas personas se acordarían de Europa o de China. Sin embargo son esos mercados los que hoy determinan el futuro de la mayor floresta tropical existente.

Cabe considerar la moratoria divulgada hace dos semanas atrás por grandes empresas procesadoras y comercializadoras de soja en Brasil, que anunciaron que por dos años dejarán de comprar el grano cuando proviene de áreas deforestadas en la Amazonia, debido a que sienten la presión de grandes redes de consumo en Europa. Eso fue resultado de una positiva campaña de denuncia que realizó Greenpeace.

Dicho de otro modo: convicciones éticas y ecológicas de consumidores del otro lado del mundo ayudan a modificar, aun en pequeña escala, prácticas de apropiación de la tierra y destrucción del capital natural que se confunden con la propia historia de Brasil. El pre anuncio de montar un sistema de certificación socioambiental de la soja amazónica, una especie de sello verde, aplacará la conciencia de los europeos bien intencionados que, se espera, paguen un poco más por eso.

Pero la Globalización implica también otras conexiones a distancia, o "teleconexiones". Cualquier medida para preservar el 80% de floresta amazónica que aún permanece de pié, requiere tomar en cuenta la alta probabilidad de efectos imprevistos y no esperados. Ese es el centro de la alerta hecha por Daniel Nepstad, del Instituto de Pesquisa (Investigación) Ambiental da Amazônia (Ipam), una ONG dedicada a la investigación con sede en Belén.

Las conexión por la que Nepstad llama la atención es al mismo tiempo local y global: la soja no puede ser disociada de la pecuaria de corte en la Amazónia. La explicación se encuentra detallada en el artículo "Globalización de la Industria Amazónica de la Soja y de la Carne Bovina: Oportunidades para la Conservación", publicado en los últimos días en el periódico "Conservation Biology".

En forma resumida: tanto la soja (para ración animal) como la carne vieron crecer su producción a tasas muy superiores a la media de la economía en los últimos años, por el aumento en la demanda por proteína registrada desde China (cuya economía crece a 9% anual) y desde Europa (después del escándalo de la vaca loca). Además de eso, la soja penetra en la Amazônia ocupando primero las áreas abiertas por la pecuaria, a partir de la década de 1970, con amplios incentivos fiscales.

Después de los récords de producción de esos commodities entre 2002 y 2004, que no por coincidencia también fueron los años récords en las tasas de desforestación, el agronegocio sufre ahora con la caída de los precios internacionales y con la valorización del real, que afectan la competitividad de los productos de exportación brasileños. Entonces las teleconexiones pueden variar. Si los precios volvieran a subir, o el real se depreciara, entre las consecuencias de la moratoria de la soja podrá estar un aumento en la intención de procurar tierras amazónicas hoy ocupadas por la pecuaria.

Vendiendo sus tierras a cultivadores de soja por los precios en aumento, los pecuaristas se capitalizarían para devastar nuevas áreas. Si apenas 30% de la Amazónia se presta al cultivo de la leguminosa, por limitaciones de suelo, clima e infraestructura, en el caso del ganado 80% del área de floresta primaria permitiría un negocio bastante rentable.

Existe entonces una conexión peligrosa. Certificar solamente la soja, sin afectar al resto, puede hacer que el tiro salga por la culata.
 

M. Leite es doctor en Ciencias Sociales de la Unicamp, autor de los libros "Amazónia, Tierra con Futuro" y "Medio Ambiente y Sociedad". Publicado en Folha de São Paulo, 06 de agosto de 2006. Traducción de Martín Pardo. Se reproduce únicamente con fines informativos y educativos.

       

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